Cinco lugares para no perderse en Trinidad

Cinco lugares para no perderse en Trinidad

21 mar. Reconocida como la tercera villa erigida por los colonizadores españoles en Cuba, Trinidad conserva en pleno siglo XXI la magia colonial de sus primeros años. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, la antigua villa de la Santísima Trinidad – fundada en 1514- constituye una joya arquitectónica y cultural de la isla y América.

Esta ciudad pertenece a la actual provincia de Sancti Spirítus, y a ella se accede por carreteras que la conectan con el resto del país. Cuenta además con un aeropuerto en el que operan aviones de pequeño y mediano porte. Hoy sugerimos cinco lugares que no pueden dejar de visitarse, una vez que se llega a la también llamada “Ciudad Museo”.

1. Hacienda Manaca-Iznaga. Esta antigua finca azucarera se sitúa a unos 15 km de la villa, dominando el extenso Valle de los Ingenios. Son muchas las leyendas que existen acerca de la construcción de su emblemática torre, entre los años 1815-1830. Originalmente, esta edificación de 45 m de altura permitía la continua vigilancia sobre las plantaciones de caña, evitando la huida de los esclavos, y las campanas situadas en su punto más elevado marcaban el inicio y final de la jornada.

La larga escalera interior permite a los visitantes subir siete niveles hasta llegar a lo alto de la torre, desde donde se divisa el antiguo ingenio azucarero, la mansión y los cobertizos de los esclavos. Hoy, la imponente mansión alberga un restaurante donde poder almorzar durante la visita y degustar además la canchánchara, bebida a base de miel, limón y aguardiente típica del lugar.

2. Museo Romántico. En esta fastuosa casona de dos plantas, justo en el centro de la villa trinitaria, se conservan abundantes reliquias de la cultura y las costumbres de la refinada sacarocracia de la región, hasta mediados del siglo XIX.

Inaugurado en 1973, fue el primer museo fundado en Trinidad y hoy se cuenta entre las instituciones de su tipo más visitadas en todo el país. Está ubicado en el antiguo palacete del Conde Brunet, un acaudalado criollo que concluyó la fabricación de esta morada frente a la Plaza Mayor en 1808.

Hoy, en sus 14 salas se muestra una de las colecciones de artes decorativas más valiosas de Cuba, donde además de exponer muebles, vajillas, lencerías y otros objetos suntuarios importados hasta mediados del siglo XIX, se exhibe una rica variedad de muebles, fabricados por los maestros ebanistas de Trinidad.

3. Topes de Collantes. Situado en el grupo montañoso Guamuhaya o Sierra del Escambray, a unos 800 metros sobre el nivel del mar, este parque natural está muy cerca de la ciudad de Trinidad. El elevado endemismo de la flora y la fauna le concede un importante valor científico a la región, que destaca por los diferentes senderos que permiten descubrir la hermosura de su paisaje.

Allí encuentra su hábitat el ave nacional cubana, el tocororo (Priotelus Temnurus), cuyo plumaje tiene los mismos colores de la bandera cubana: azul, rojo y blanco. También, entre la frescura de los acantilados se reproduce la flor nacional: la mariposa (Hedychium Coronarium Koenig).

Los aventureros que llegan a Topes de Collantes pueden disfrutar de la exploración en cuevas, ríos estrechos de rápido caudal, bellas cascadas y saltos como el del Caburní. Esta zona es, además, sede anual del concurso de fotografía “Naturaleza Digital”.  

4. Playa Ancón. Ubicada a 12 Km de Trinidad, está considerada una de las mejores playas de la costa sur de la isla. Con una excelente barrera coralina a pocos metros de la orilla, y numerosos pecios de barcos hundidos, la Playa Ancón es ideal para la práctica del buceo, por lo que allí funciona un centro especializado con más de 30 puntos de inmersión.

También, en la Marina Marlin cercana es posible acceder a numerosas excursiones y actividades que incluyen la práctica de deportes acuáticos con catamarán, botes de remos, bicicletas acuáticas y veleros.

5. Iglesia y Convento de San Francisco de Asís. Inaugurado el 11 de abril de 1813, este conjunto religioso es uno de los monumentos de mayor valor en la villa. Lo caracteriza su campanario amarillo, único resto del edificio original desde donde se puede disfrutar de unas maravillosas panorámicas de toda la ciudad.

En la actualidad, el antiguo edificio es sede del Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos. Sus colecciones muestran, a través de fotografías, mapas, armas y otros objetos, los combates del cuerpo militar formado para combatir las bandas contrarrevolucionarias que en los años 60 del pasado siglo operaban en la zona del Escambray.

Detenida en el tiempo, Trinidad de Cuba llega este año a su aniversario 505. Sin dudas, una buena oportunidad para visitar esta ciudad patrimonial durante un viaje a la Mayor de las Antillas, perderse en sus calles adoquinadas y también recorrer sus alrededores, voceros de su maravilloso esplendor de antaño.